domingo, 15 de noviembre de 2015

La Biblioteca Pública de Newark

La biblioteca no era simplemente el lugar a donde uno tenía que ir en busca de los libros, sino una especie de riguroso refugio al que un muchacho de la ciudad iba de buen grado para recibir su lección de comedimiento y adiestrarse en el dominio de sí mismo. Y luego estaba la lección de orden, del que la misma enorme institución servía como instructora. ¡Qué confianza inspiraba, tanto en uno mismo como en los sistemas, descodificar primero la ficha del catálogo, luego avanzar por los pasillos y escaleras hacia las estanterías abiertas y, una vez allí, encontrar, exactamente donde se suponía que estaba, el libro deseado! Para un niño de diez años, descubrir que es capaz de orientarse entre decenas de millares de volúmenes hasta el que desea leer no carece de satisfacciones. Tampoco era moco de pavo llevar en el bolsillo el carnet de la biblioteca, pagar una multa, sentarte en un lugar desconocido, lejos de los padres y la escuela, y leer lo que quisieras en una atmósfera de anonimato y paz. Finalmente, llevar a casa, a través de la ciudad, e incluso de noche a la cama, un libro con un linaje local propio, un árbol genealógico de lectores de Newark a los que ahora se había añadido tu nombre.
 
Philip Roth: Lecturas de mí mismo. Barcelona: Mondadori, 2008, pág. 226. Trad. Jordi Fibla.


sábado, 24 de octubre de 2015

Cuentos de fantasmas

Un año más se acerca Halloween, y lo vamos a celebrar con algunos de los más breves cuentos de fantasmas jamás contados...


"No creo en los fantasmas, pero me dan miedo" (Mme. du Deffand)






Cerillas
Alcé la mano hacia donde estaban las cerillas..., y las cerillas fueron puestas en mi mano.
E. J. Bryant, sobre un pasaje de E. G. Swain (1912)


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Llamada
El último hombre sobre la Tierra está sentado a solas en su habitación. Llaman a la puerta…
Fredric Brown (1948)


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Cuento de horror
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.
Juan José Arreola (1971)

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Los fantasmas y yo
Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.
René Avilés Fabila (1973)

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Fantasmagorías
Desde muy joven —lo confieso— me han gustado los fantasmas. Me apasionaban las historias de sus desventuras.
Hoy —lo confieso—, aproximándose la hora de convertirme en uno, ya no me gustan tanto.
Eliseo Diego (1989)


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Al anochecer me lo encontré paseando con su viuda.
Anónimo



domingo, 29 de marzo de 2015

Elogio de la lectura

Alguien a quien no le gusta o no le interesa leer es alguien, por fuerza, a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo y por qué diablos hay mundo; por qué hay algo en vez de nada, que sería lo más lógico y sencillo; qué ha pasado en la tierra antes de que él llegara y qué puede pasar tras su desaparición; cómo es que él ha nacido mientras tantos otros no lo hicieron o se malograron antes de poder leer nada; por qué, si vive, ha de morir algún día; qué han creído los hombres que puede haber tras la muerte, si es que hay algo; cómo se formó el universo y por qué la raza humana ha perdurado pese a las guerras, hambrunas y plagas; por qué pensamos, por qué sentimos y somos capaces de analizar y describir esos sentimientos, en vez de limitarnos a experimentarlos.

Javier Marías, "Percebes o lechugas o taburetes"